UCI, quirófanos y salas de aislamiento requieren procedimientos específicos. Describimos los estándares que aplicamos en centros sanitarios de tercer nivel.
Las infecciones asociadas a la atención sanitaria (IAAS) afectan a entre el 5 % y el 10 % de los pacientes hospitalizados en España, según datos del Estudio EPINE. Una parte significativa de estas infecciones tiene su origen en la contaminación ambiental: superficies, aire y agua. La higiene ambiental hospitalaria es, por tanto, una intervención de salud pública con impacto directo en la morbimortalidad de los pacientes.
No todas las áreas de un hospital requieren el mismo nivel de desinfección. La clasificación de áreas según el riesgo infeccioso es el punto de partida para diseñar un protocolo de higiene ambiental eficaz:
El quirófano es el área de mayor exigencia en higiene ambiental. Los protocolos de desinfección deben contemplar tres momentos distintos:
Entre dos intervenciones consecutivas, se realiza una limpieza y desinfección de nivel intermedio de todas las superficies de contacto (mesa quirúrgica, instrumentación, suelos). El tiempo disponible es limitado, por lo que los productos utilizados deben tener un tiempo de contacto corto y un espectro de actividad amplio. Los desinfectantes de amonio cuaternario de cuarta generación o los derivados del ácido peracético son los más utilizados en este contexto.
Al final de la jornada quirúrgica, se realiza una limpieza terminal que incluye todas las superficies del quirófano, incluidas las de difícil acceso (techos, luminarias, equipos). Se utilizan desinfectantes de alto nivel (hipoclorito sódico al 0,5 % o peróxido de hidrógeno al 3 %) con tiempos de contacto de al menos 10 minutos.
Tras intervenciones en pacientes con microorganismos multirresistentes (SARM, BLEE, Clostridium difficile) o de forma periódica semanal, se realiza una desinfección terminal con sistemas de nebulización de peróxido de hidrógeno vaporizado (VHP) o luz ultravioleta pulsada (PUV). Estos sistemas alcanzan superficies inaccesibles a la limpieza manual y reducen la carga microbiana ambiental en más del 99,9 %.
El control microbiológico ambiental permite verificar la eficacia de los protocolos de desinfección y detectar situaciones de riesgo antes de que se produzcan infecciones. Los parámetros más relevantes son:
Clostridium difficile: el reto de la desinfección de superficies
Las esporas de Clostridium difficile son resistentes a la mayoría de los desinfectantes de uso habitual. Solo el hipoclorito sódico a concentraciones de 1.000-5.000 ppm y el peróxido de hidrógeno vaporizado han demostrado eficacia esporicida. En unidades con casos de C. difficile, es imprescindible revisar los protocolos de desinfección y los productos utilizados.
Los protocolos más rigurosos son ineficaces si el personal que los aplica no está correctamente formado. La formación debe incluir la técnica correcta de limpieza y desinfección, el uso adecuado de los productos (diluciones, tiempos de contacto, compatibilidades), el uso de equipos de protección individual y la gestión de residuos sanitarios.
Grupo Santal presta servicios de higiene ambiental hospitalaria en centros de tercer nivel, con protocolos adaptados a los estándares de la SEMPSPH (Sociedad Española de Medicina Preventiva, Salud Pública e Higiene) y las guías del ECDC (European Centre for Disease Prevention and Control).